-¿Qué desea, señor? -Le pregunto a un hombre de cabellos plateado [Nébiros] que estaba en la barra. Me giro con rapidez al escuchar lo que desea y se lo sirvo. Luego voy hacia otra parte de la barra, inclinándome ante un cliente que quería susurrarme algo al oído. Fuerzo una amable sonrisa y le sirvo un whisky doble para él y otro para mi. Brindo con él y me lo bebo de un trago, quedándomelo en la boca. Haciendo como si bebiera cerveza, lo escupo dentro.
Mierda. Es un rollo. Normalmente me toca trabajar de camarera, llevando los vasos entre las mesas y sirviéndolas a los clientes. Esta noche me había tocado en la barra, aunque tampoco era todo malo. Tenía más trabajo, pero ninguno de esos cerdos podía tocarme (y es que, aunque se supone que no pueden tocarnos, siempre hay un listillo).
Me miro de reojo en uno de los espejos y hago una mueca. No me gustaba vestirme de conejita ligera de ropa, pero hay que hacer un sacrificio… ya lo dejaría si encontraba algo mejor. De alguna forma debía costearme los estudios, sin tener que vender mi cuerpo.
Me acerco sonriente a una chica [Eliška].
-Claro. Pero deberá tomar algo, lo siento. Normas de la casa: una consumición mínima obligatoria. ¿Qué deseará tomar? -Le sonrío y preparo un chupito de tekila para un hombre canoso y se lo llevo, recogiendo el billete que me había dado y devolviéndole algunos centavos. Vuelvo hacia la chica.
-¿Y bien? ¿Lo ha pensado ya, señorita?
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