[Rascacielos - Penúltima planta (con Mila)]
- Señor… -Alan, el mayordomo, abrió la puerta de la limusina dejando salir a Judas.
El señor Vandernott era un hombre alto y apuesto que siempre lucía sombra de barba canosa. Llevaba un caro esmoquin adornado con una pajarita blanca.
- Alan, ya sabe lo que tiene que hacer. Aparque la limusina en el parking y esté atento, dentro de un par de horas saldré del edificio con compañía, así que quiero que me espere…
- En la puerta delantera… Será pesado -murmuró el mayordomo entre dientes.
- ¿Qué has dicho? -miró a Alan, pero como este no contestó al momento continuó hablando- Exacto, en la puerta delantera.
Sin decir nada más el vampiro inició la marcha hacia el interior del edificio. Mientras, Alan entraba de nuevo a la limusina.
- “Alan quédate muerto de risa en la limusina mientras yo me lo paso en grande en una fiesta en la que cada canapé vale lo mismo que mi seguro de vida” -se burló mientras arrancaba- Si al menos me bajase algo de comida… pero nunca se acuerda de mí. ¿Qué pasa con el pobre Alan? Tengo la espalda revirada por culpa de estar horas con el culo pegado al asiento, creo que ya tengo limusitis -llevó la limusina al parking del edificio- Limusitis -repitió- debería patentarlo -levantó una ceja.
Volviendo a Judas… llevaba un minuto en el ascensor. El habitáculo era amplio: el estaba en una esquina y una anciana en otra. La mujer le miraba con recelo cada medio segundo y Judas estaba asqueado. Aquella ricachona encorvada parecía que tenía problemas con el aspecto de Judas, al parecer no le parecía adecuado que no se hubiese afeitado. Pasaron los minutos y justo antes de llegar Judas se adelantó, dió media vuelta y le dio a aquella víbora y anciana ricachona el mayor susto de su vida. Desplegó sus “encantos” vampíricos y salió del ascensor, pero no sin antes haberle robado a la señora su entrada (ella conocía a la gente de dentro, no tendría problemas para entrar, pero él no había sido invitado). Del susto la anciana se quedó paralizada en el ascensor, el cual volvió a bajar a la primera planta.
- Disculpe, ¿su invitación? -un joven trajeado y con una carpeta le salió al paso- SIn invitación no puede entrar, señor.
Judas le entregó la invitación de la señora con rapidez.
- ¿Usted es Mary Rose Chambers? -el joven le miró de arriba a bajo.
- ¿Tengo cara de llamarme Mary Rose? Soy su sobrino, Judas Vandernott, se encontraba mal y no ha podido venir, pero me ha pedido que le cuente las novedades que se cuecen en la empresa. ¿Puedo pasar?
El joven se tomó su tiempo para pensarlo sopesando las posibilidades.
- Está bien, pase.
Judas por fine estaba dentro. Era una fiesta chapada a la antigua, esmóquines, trajes largos de noche con las espaldas descubiertas, champagne… Lo único que la hacía moderna era la lujosa decoración del siglo XXI. El galán vampiro cruzó el salón procurando no perder de vista a ninguna belleza, decidiendo cual sería la afortunada. Su recorrido de rigor acabó en la barra americana, donde fue a pedir una copa justo antes de cruzar su mirada con la de una joven de cabellos rubios. Algo de ella llamó la atención de Judas, pero no fue solo su belleza, había algo más. Extrañamente tenía la necesitad de enseñar sus dientes y de morderla ahí mismo. Eso provocó que Judas se olvidara de pedir bebida. Aparentemente ya había elegido a su víctima de la noche, pero ahora llegaba la parte divertida, tenía que meterla en su bolsillo, y para eso primero tenía que apartar al viejo baboso que la miraba las tetas.
- ¡Estabas aquí! -dijo repentinamente apareciendo junto a Mila- Te llevo buscando toda la noche. Si me disculpas… -se dirigió al señor- Esta mujer me debe un baile.
El viejo verde se rió y Judas arrastró a una sorprendida Mila a la pista de baile.
- Deberíais darme las gracias, aquel tipo no hacía más que miraros en lugares inapropiados -sonrió.
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