Alexander K. Grigorev y Marek Rozenhal
domingo, 7 de septiembre de 2008

[Puente sobre el Río Moldova]

Alexander notaba el fuerte, pero a la vez suave tronar del agua al golpear en los pilares del puente. Aquel ruido, que se le antojaba casi como un ronroneo, le indujo a un estado de ligero sopor, mientras notaba el cansancio hacer mella en su cuerpo y mente. La barandilla que le separaba de la balaustrada de piedra, verdadero límite del puente, le permitía tomarse la licencia de abstraerse de lo que le rodeaba, sin temor a una caída o a un ataque sobrenatural, gracias a la iluminación del puente.

Pero no contaba con que la gente puede llegar a ser muy silenciosa, y más aún si él bajaba la guardia. La voz del muchacho (Marek) le sobresaltó, y Alexander se llevó la mano al cinturón, como si estuviera ajustando los pantalones. Aunque su verdadera intención era preparar su pistola, Winona. Era un muchacho de rostro amable, y la pregunta le obligó a forzar una sonrisa.

- No, tranquilo, muchacho, Sólo estaba disfrutando del correr del río. Hacía años que no pasaba por aquí.

A Marek todo aquello le sonaba extraño, no entendía qué encontraba la gente en observar detenidamente las cosas.

- Yo suelo pasar por aquí cada día -susurró el más joven, mientras Alexander se apoyaba en el coche y sacaba un cigarrillo de su bolsillo-. ¿Por qué ha vuelto a Praga? Poca gente que yo conozca vuelve tras irse...

Alexander había sacado un zippo de su bolsillo, y la llama iluminó su cara, que se contrajo ligeramente al escuchar la pregunta inocente del muchacho. Tras una calada profunda, observó el cielo sin luna, exhalando el humo a medida que hablaba.

La voz de Alexander sonaba ligeramente rota, tal vez por el tabaco, tal vez por la amargura. Pero también tranquila, ya que la ausencia de luna le garantizaba que ningún licántropo haría de las suyas aquella noche.

- Hay gente que se gana la vida viajando de un lado a otro, como yo. Y a veces esos derroteros que seguimos nos llevan muy, muy lejos. Lejos de casa, lejos de ciudades como Praga... -Alexander miró al muchacho, cuyo rostro albergaba un gesto de impaciencia-. Pero estoy divagando, te ruego que me disculpes.

A Marek le parecía que, a pesar de parecer un tío joven, aquel sujeto hablaba como su propio padre al dirigirse a sus clientes. La sensación de nerviosismo al pasar demasiado tiempo quieto se hacía más y más evidente, en forma de golpecitos rítmicos contra el suelo con el pie derecho. Necsitaba seguir corriendo, necesitaba seguir volando.

- Bueno, pues si no tiene problemas y no necesita nada, creo que seguiré con mi carrera nocturna -el muchacho dió un par de pasos, pasando por delante del fumador. Antes se detuvo, y añadió-: Por cierto, si quiere cenar mis padres tienen un restaurante en el centro. Se llama The Pork Home. Hacen comida casera y suelen cerrar bien tarde la cocina.

Marek sonrió, y le tendió la mano. Alexander se la tomó, agradeciendo su amabilidad. Al soltarla, Marek se marchó corriendo hacia el lado opuesto del puente. Alexander suspiró, viendo alejarse al muchacho, y decidió que aceptaría el consejo, yendo a ese restaurante. Pero antes de montarse en el coche y empezar a conducir, decidió acabarse el cigarrillo, volviendo a prestar atención al agua que corría bajo sus pies.

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4:43:00 p. m.
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septiembre 2008