Alexander K. Grigorev
lunes, 8 de septiembre de 2008
[Calles de Praga - Night Club "La Conejita"]
La noche comenzaba a refrescar, y Alexander se ajustó el cuello del abrigo. Tenía la calefacción del coche estropeada, por lo que el habitáculo estaba bastante frío. El acceso a la zona de los garitos estaba completamente lleno de peatones, por lo que nuestro cazador favorito, querido lector, se vió obligado a aparcar a algunas calles de distancia, con la consecuente caminata hasta los centros de marcha.
Antes de acercarse a tomarse una copa, preparó una mochila con algo de agua bendita, munición, y un machete perfecto para rebanar cabezas de las aberraciones que cazaba. Se cargó la mochila al hombro, y se encaminó hasta uno de los garitos. El nombre parecía sugerente: "La Conejita". Entró, con discreción se situó en el punto de la barra en el que controlase la mayor parte del local. La gente estaba completamente absorta en sus asuntos, algunos demasiado borrachos o salidos para darse cuenta de algo diferente a los culos y pechos que asomaban por los diminutos parches de ropa que llevaban las camareras. Algunas de ellas, al sentir el tacto de las manos grasientas y asquerosas de los clientes, empezaban a gesticular una mueca de asco y rabia, rápidamente suprimida por una falsa sonrisa de complacencia, fruto de la más que probable política del jefe de "el que paga manda, y tú sólo eres un chochito que obedece mi voluntad".
Al darse cuenta de que una de las chicas (Alena) pasaba a su lado, la detuvo. Tenía rostro de cansada y de hastío de tanto borracho baboso, Alexander lo notaba.
- Hola. ¿Me traes un tequila y una cerveza? -dijo, con la más encantadora de sus sonrisas.