De pronto, antes de que nadie pudiera hacerlo, la chica de antes se acercó y le dejó a Donovan un par de billetes en los bóxers. Él le guiñó un ojo sin dejar de moverse, mientras un montón de manos comenzaban a imitarla. El chico suspiró aliviado, comprobando que su atractivo físico no había disminuído, y recuperó su énfasis, mas sin olvidar al que podría ser un cazador.
Cada vez había más gente en el local, mirándolo y dejándole dinero, si seguía así acabarían cayéndosele los bóxers. Es posible que ese fuera el motivo por el que muchos le seguían dejando billetes. A él tampoco le importaba que sucediera, pero los desnudos públicos en el local iban contra la política de éste, pese a que incluso a su jefe le doliera.
Recobrando la compostura, y con los bóxers tan llenos de dinero que no dejaban marcar nada, el streaper recorrió sensualmente la pasarela por última vez aquella noche, dirigiendo algunas miradas especiales. Justo antes de esconder su cuerpo tras las cortinas para ir al camerino, giró la cabeza y dirigió su mirada a la mujer que había sido la primera en premiarlo con billetes y sonrió seductoramente. Menos tiempo duró otra efímera mirada hacia el desconocido encapuchado, justo antes de continuar su camino fuera del escenario.
Su jefe lo recibió con aplausos y con algún que otro "bravo" y "espléndido". Pero mantuvo las distancias al recibir una mirada de repugnancia. Ése no sería el día en que lo manoseara a él, ni ningún otro. Donovan cerró la puerta para evitar miradas indeseadas de aquel ser tan inferior, y se quitó lo único que llevaba quedándose completamente desnudo. Contó el dinero que había recaudado esa noche; no estaba nada mal.
No pudo evitar mirarse de nuevo al espejo y contemplar su precioso cuerpo, pasándose el dedo lentamente desde su labio inferior a su ombligo, deteniéndose especialmente en el pecho. No pudo evitar excitarse al ver un ser tan perfecto, a alguien inalcanzable para la mayoría, a él mismo. Tenía la suerte de poder disfrutar de su propio cuerpo, ya que le pertenecía; mas no tenía tiempo para ese tipo de cosas, seguramente esa noche cenaría.
Se vistió con ropa de calle: una camisa negra con los botones superiores desabrochados y las mangas remangadas y unos vaqueros flojos con dos cadenas; cuando acabó de arreglarse el pelo, abrió la puerta encontrándose con el jefe.
-Oye, una cosa-comenzó el chico sin acercarse demasiado al enano gordinflón-.
-Lo que tú quieras, ya sabes que estoy aquí para cualquier cosa que me pidas, Donovan...-.
-Lo sé-le siguió el juego, ante el intento descarado de seducirlo de su jefe-. Y llámame Perdizione. Mira, un tío raro se ha debido de colar, quiero que avises a los de seguridad. Es fácilmente reconocible, lleva capucha y es bastante siniestro, no pega con nadie de aquí-.
-Tú siempre tan directo-continuaba tratando de llegar a él de alguna forma, mientras se toqueteba la peluca-. Claro que lo haré, ya te he dicho que haría cualquier cosa que me pidieras-.
Donovan hizo un gesto de repelús con la boca, mostrando el asco que sentía por él, algo que el presumido gordinflón no pudo apreciar por su falta de cerebro, y pasó sin tan siquiera mirarlo hacia la salida de los streapers, dejándola volver para cerrarse en cuanto salió. Miró el cielo oscuro, mientras daba un profundo suspiro que provocó que un claro vaho saliese de su boca. Miró en ambas direcciones; le encantaba aquella salida: llevaba a parar justamente a un callejón en cuyo extremo sólo había unos cuantos cubos de basura. Era lo que cualquier habitante de la noche habría querido: un oportuno callejón sin salida en plena noche, iluminado únicamente por la luz de la puerta del local... "¿Quién será esta noche mi víctima?", pensó el chico, sin moverse del sitio.