
|Night Club "La Conejita"|
- Gracias por tu... amabilidad.- Siseó a Alena justo antes de beberse de un trago su vaso de tequila, soltar un "argh" como respuesta de su dolorida garganta y agarrar el teléfono móvil que la chica le prestaba. Dejó un billete sobre la barra. Ni siquiera le preocupaba la vuelta. Lo único que quería ahora era llamar por ese maldito teléfono y encontrar a alguien que pudiera sacarla de allí.
¿Pero quién sería ese alguien? No podía llamar a su compañera de cuarto. No, eso sí que no. A parte de que la odiaba a muerte, la Monstruo Rubia la asesinaría a base de arañazos con sus uñas de porcelana si la despertaba a estas horas y acababa con su sueño embellecedor. ¿A su hermano? Bueno... parecía la mejor opción. Aunque conocía a Viktor y sabía que, tarde o temprano, acabaría pidiéndole un favor a cambio por esto. Suspiró, resignada, y marcó el teléfono del apartamento de su hermano mayor. Al parecer él también estaba durmiendo, pues tardó en contestar y cuando por fín lo hizo tenía voz ronca y poco lúcida.
- Eliska, querida hermana mía. Ojalá te mueras.
- ¿Qué? ¿Víktor? ¿Víktor? No te escucho bien... Espera, vale. Espera. Salgo un momento, que en este antro a penas hay cobertura.
Se colocó la cazadora en un rápido movimiento, mientras sujetaba el móvil con el hombro. Acto seguido, volvió a abrirse paso entre la clientela para salir a la calle. Se cruzó con la camarera de la barra, que al parecer estaba ahora sirviendo a las mesas, y le indicó con un gesto que salía un momento y ahora volvía. No fuera a ser que a la tía le diera por pensar que iba a robarle el móvil o algo por el estilo y se montara la de dios en ese antro infernal.
Pero, al parecer, el destino quería que los problemas llegaran igualmente.
De pronto, escuchó gritos dentro del Night Club y vio salir a un hombre que, presa del pánico, no dejaba de hablar de un monstruo. ¿Estaría borracho y eran alucinaciones suyas? No podía arriesgarse. Y menos cuando la vida de montones de personas pendía de un hilo. Personas borrachas y medio desnudas, pero personas con alma después de todo.
- Víktor, hay problemas. Luego te llamo... si puedo. Te quiero.
Colgó el móvil y entró como un huracán en el local. Su mirada se movió entre la clientela, en busca de un vampiro. Pero no fue eso lo que encontró, no. Dos débiles destellos rojos, apagándose, le alertaron desde una de las esquinas de aquel lugar. Pertenecían al hombre de cabellos plateados. ¡Cómo no se habría dado cuenta antes! Y lo peor es que ni siquiera llevaba armas encima. Las había dejado todas en el maletero del coche. Lo único que tenía en aquellos momentos era una estaca escondida en su bolsillo. "Serás gilipollas, Eliska... Pues nada. A golpe limpio", se dijo. Pero tenía que sacarlo de allí. No podía dejar que alguien resultara herido. "Naturalidad. Ante todo, naturalidad"
Hechó a andar hacia él, con paso tranquilo, y una sonrisa adornándole el rostro.
- Eh... perdona. Acabo de ver lo que ha pasado y... -"Y pienso patearte ese culo demoníaco que tienes, cabrón", añadió, en su mente- ... bueno, siento muchísimo lo de tu helado. Que asco de borrachos. ¿Sabes? He dejado allá fuera mi coche echando humo por lugares que ni sabía que tenía. Si pudieras ayudarme a arreglarlo... te puedo recompensar con otro helado. O con lo que quieras.
Acompañó sus palabras con una batida de párpados y una sonrisa sugerente. Ya solo quedaba esperar si el pez picaba el anzuelo. Si no resultaba, pues nada. Entonces sí que habría que recurrir a medidas drásticas.
Etiquetas: Eliška Svoboda.