Nebiros
lunes, 8 de septiembre de 2008

Cuando aquella humana se acercó al demonio, este se vió obligado a andarse con cuidado. Matarle iba a ser muy dificil, no era un simple chupasangres, así que disponía de bastante tiempo de gracia antes de que la cosa pasara a las balas, pues además el local estaba lleno y esa humana no parecía muy peligrosa, claro que él tampoco parecía una criatura del abismo, ¿verdad?

El astuto demonio chasqueó la lengua a la vez que se incorporaba aún en su asiento, inclinandose hacia su temeraria compañera y así sus dos rubíes estuvieron más cerca de ella, intentando, tal vez en vano, incomodarla para que se fuese.

-Oh, perdona no suelo ser tan tonto, pregúntale a otro- sonrió mientras seguía mirando con absoluta fijación a la mujer- En el local hay muchos hombres con aspecto más decente y no tan extravagante, ¿por qué tú, mujer, has venido hasta el rincón más sombrío del bar a hablar con el hombre más sospechoso?- La verborrea del demonio no tenía fin, claro que él tampoco quería empezar nada, además, matar humanos estaba en contra de sus principios... él había venido exclusivamente para pasar un rato y detectar bestias.

El hombre de gabardina roja se volvió a acomodar mientras le tendía un cigarro a aquella chica, abriendo el tabaco con malévola habilidad.

-Vé al grano- siseó entrecerrando los ojos.

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septiembre 2008